sábado, 5 de diciembre de 2009

El capitalismo, ¿Un sistema condenado a la entropía?

Luego de casi 240 años de generar niveles siderales de contaminación, el capitalismo está obligado a perder una de sus principales lógicas: “La maximización de las ganancias”. La ecología y el dinero, por lo general, nunca fueron de la mano, pero desde la aparición de los “bonos verdes” es posible que esto pueda cambiar.

“Los burgueses son capaces de vender la soga con la que serán ahorcados”, Karl Marx

“La edad de piedra no finalizó por falta de piedras, y la edad del petróleo terminará mucho antes de que el mundo se quede sin petróleo”, Sheikh Zaki Yamani, ex-Ministro de Petróleo de Arabia Saudita

“El cambio climático es el desafío que define a nuestra época”, Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas.



Desde la consolidación del capitalismo a nivel mundial, el sistema se ha dedicado a la producción permanente de mercancías, las cuales muchas veces fueron realizadas de la manera “más económica” y, por lo tanto, más contaminante. ¿El capitalismo es un sistema que lleva a su autodestrucción o acaso busca nuevos caminos para generar negocios más fructíferos?

En la convención sobre el cambio climático que se llevó a cabo en la ciudad japonesa de Kyoto desde el 1 al 11 de diciembre de 1997 se conformó la idea de crear un protocolo para que los países desarrollados se comprometieran a reducir la contaminación y con ello mitigar el cambio climático.

En el caso de los países “subdesarrollados” no tenían ningún impedimento para contaminar aunque, en comparación con lo que generaban los desarrollados, su aporte a la contaminación mundial era mínimo.

En el acuerdo, los países industrializados se comprometían a disminuir la emisión de Gases de Efecto Invernadero, GEI, en un promedio del 5 por ciento entre los años 2008 y 2012, en comparación a los niveles que producieron durante el año 1990.

Poner en práctico el protocolo de Kyoto fue difícil debido a que dos de los países desarrollados que no lo habían firmado, Estados Unidos y Australia, generaban cerca del 33% de la contaminación mundial de GEI.

Para que el protocolo entrara en práctica se necesitaba el respaldo mínimo de 55 países y que la suma de sus emisiones de GEI sumaran un mínimo del 55 por ciento de la contaminación mundial.

Kyoto recién pudo ponerse en práctica 8 años después de que se firmara por primera vez. El 17 de noviembre del 2004, 126 países lo habían firmado, pero sólo sumaban el 44.2 por ciento de la contaminación de GEI a nivel mundial, no alcanzaba. Recién ese día Rusia, que emitía el 17.4 por ciento de la contaminación mundial de GEI, se adhirió al protocolo y permitió que entrara en vigencia en mayo del 2005.

Cuando se firmó el protocolo de Kyoto, China aparecía como un “país subdesarrollado”, por lo que no estaba obligado a disminuir su contaminación, raíz de esto, se tiene planeado que luego del 2012 se firme un nuevo acuerdo, llamado Kyoto2

Allí se intentará reafirmar la voluntad de los países desarrollados a disminuir la contaminación y se prevé que se integre a la potencia asiática y a la India al grupo de los “desarrollados”, y los más alentadores piensan que por esa época Estados Unidos concrete su ingreso en el protocolo para disminuir su contaminación.

Aunque en la actualidad Estados Unidos no se comprometió a disminuir su contaminación, dentro de ese territorio- más precisamente en la provincia de California- se están promoviendo inversiones en empresas “no contaminantes” a través del plan “California Apollo Alliance”

Según la consultora Cleantech Group LLC, en 2003 la inversión en tecnologías limpias en Estados Unidos era de alrededor de 800 millones de dólares al año y en el 2008 las cifras se sextuplicaron y fueron de 6 mil millones, durante el mismo año se estima que a nivel mundial se invirtieron cerca de 155 mil millones de dólares en tecnologías limpias.

El sistema económico e industrial está haciendo hincapié principalmente en la generación de energías sustentables, que reemplacen a las fósiles. Es por esto que durante el 2008 en el mundo se invirtieron 95 mil millones de dólares para implementar centrales de energía solar, eólica (proveniente del viento), hidráulica (proveniente del agua) o geotérmica (proveniente del calor de la tierra).

Como es el caso de la planta solar PS10 ubicada en Sevilla, España, donde unas largas plaquetas cóncavas, que miden alrededor de 150 metros, absorben el calor y lo transportan por una tubería, para luego producir vapor para un generador eléctrico.

A partir de que la Organización de las Naciones Unidos-ONU- y el protocolo de Kyoto impulsaran el desarrollo de empresas con “tecnologías limpias”, a raíz de ésto se creó un nuevo negocio para los empresarios: “El sistema de Mecanismos de Desarrollo Limpio (Clean Development Mechanism) en el cual se les da “bonos verdes” a las industrias que disminuyan su contaminación, o que financien proyectos de tecnologías no contaminantes para ponerlos en práctica.

Cada bono verde equivale a una tonelada de dióxido de carbono (CO2) que no fue generada gracias a las tecnologías limpias, esto se compara con la cantidad de CO2 que producirían las tecnologías de combustión fósil.
Los bonos verdes pueden ser comercializados en el mercado y actualmente su valor ronda entre los 20 o 25 dólares. Son altamente requeridos, ya que los Estados que quieren cumplir con la meta de disminución de GEI antes del 2012 necesitan adquirirlos.

Muchas veces las empresas que implementan las tecnologías “no contaminantes” de por si solas no serían rentables, pero a raíz del lucro que reciben gracias a la existencia de los bonos verdes pueden generar altos márgenes de ganancia.

Como el caso del grupo empresario francés Rhodia, que invirtió 20 millones de euros en recortar fuertemente las emisiones de gases de efecto invernadero en dos de sus plantas químicas, ubicadas en Brasil y Corea del Sur. La implementación de ésta tecnología no hubiera sido rentable sin el dinero generado por la venta de los bonos.

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